viernes, 8 de abril de 2011

Concepto de grupo y momentos epistémicos


Ana María Fernández





El campo grupal

Notas para una genealogía


Prólogo de Armando Bauleo







Ediciones Nueva Visión
Buenos Aires

A Nicolás, Emilio y Francisco, mis hijos








I.S.B.N. 950-602-197-X

© 1989 por Ediciones Nueva Visión S.A.I.C.
Tucumán 3748, Buenos Aires, República Argentina
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
Impreso en la Argentina/Printed in Argentina


El libro que aquí se presenta tiene su antecedente en el trabajo original escrito como postulante al Concurso de la Cátedra de Teoría y Técnica de Grupos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, sustanciado en 1985.
Aquella primera producción tenía como eje el tema solicitado en tal concurso: "¿Existen los grupos humanos. Fundamentaciones". Sucesivas reelaboraciones han transformado aquel texto de setenta páginas en el volumen que se ofrece hoy a su publicación. Si bien luego de casi tres años de trabajo poco queda de aquel primer texto, el actual conserva un eje de ciertos recorridos temáticos y de autores, consecuencia del requisito académico en el marco del cual fueron pensados los problemas centrales de este libro.
Fuerte motor de sus distintas versiones ha sido el diálogo con los alumnos, quienes con sus preguntas e impresiones han orientado muchos de sus tramos. Al mismo tiempo, la discusión y la crítica del equipo docente de dicha cátedra han permitido su enriquecimiento y profundización.
Sin el estímulo de tal marco académico es probable que este libro no hubiera sido posible.
Sus páginas llevan la impronta de largos diálogos con Juan Carlos de Brasi, Marcelo Percia y José Antonio Castorina. Su presencia va mucho más allá de las citas en que son mencionados puntualmente. También llevan el afecto y la eficiencia de Mercedes López, Sandra Borakievich e Isabel Temprano, quienes realizaron el "invisible" trabajo mecanográfico.
A todos ellos, muchas gracias.

Ana María Fernández

Buenos Aires, diciembre de 1988.


PROLOGO DE UNO INCLUIDO COMO LECTOR
EN EL TEXTO EL CAMPO GRUPAL:

NOTAS PARA UNA GENEALOGIA









Estoy de acuerdo con Ana María Fernández, Pavlovsky, Eco, etc., en que la inclusión del lector pueda proporcionar otras extensiones o entendimientos a un texto. De todas formas, en un momento determinado, me pregunté si me incluí solo o alguien me había empujado. Mis recuerdos son confusos pero me pareció inútil esta diferenciación, sobre todo cuando ya me encontraba sumido en la lectura del libro.
Lectura complicada ya que existen al menos dos niveles o líneas que me comprometen (en este caso me incluyen de más) haciéndome más intrincada esa lectura. Una de las líneas, el contenido del libro, polémico, interesante; la segunda línea, mi conocimiento de Ana María y del contexto socio-cultural (y profesional) argentino, y sobre todo de Buenos Aires. Empecemos por esta segunda línea. Entiendo que Ana María debe efectuar ciertos pasos o subrayar ciertas denominaciones para que el contexto porteño no se cierre en los prejuicios que se esconden, muchas veces, detrás de la búsqueda de "precisión" de ciertas nociones. Observo que debe luchar dentro de un particular contexto cultural en el cual los conceptos o las tendencias continúan, a veces, aglutinados con las instituciones. De ahí resulta que si se desea polemizar sobre una noción, ciertos profesionales o ciertas instituciones se sienten agraviados.
Nuestro alejamiento de la A.P.A., a través de Plataforma, tenía como una de sus finalidades comenzar a romper aquella aglutinación. Esa finalidad era ensayar y observar si el pensamiento psicoanalítico podía continuar su desenvolvimiento fuera de su institucionalización. No buscaba promover la autodesignación ni el ritual del pase, sino más bien colocar en otra disposición los interrogantes sobre la transmisión como así también situar otra actitud sobre esa línea ondulante que corresponde a la historia de los conceptos. Es decir, no quedar sumidos y agarrados, en lo que J. C. De Brasi sintetiza en una simpática e irónica frase: "Basta de jefes, el jefe".[1]
En su libro, Ana María Fernández es minuciosa y cada paso se transforma en "dos pasos adelante, uno atrás" es decir, va y viene en cada cuestión no sólo como manera de encadenar sus apreciaciones en la aparición e historia de las nociones, sino también para señalar lo que éstas aportaron al campo grupal y cómo ellas deberían ser sometidas a una elucidación crítica.
Esa minuciosidad apunta a dos cuestiones: una, metodológica, donde se realiza un punteo de los elementos enunciados hasta ahora en el campo grupal, para luego analizar cómo se fueron transformando -en el mejor caso- o reproduciendo -en el peor- modificando la comprensión de las prácticas en dicho campo grupal. (Lo de mejor o peor va a cuenta mía, no sé si es un "valorativo" teórico o simplemente emocional.)La segunda cuestión, en lo que a minuciosidad respecta, se refiere a la lucha cultural. El libro señala la necesidad de evitar las descalificaciones basadas en imágenes y prejuicios que suelen encontrarse en la base de algunas falsas opciones (¿puede considerarse psicoánalisis el trabajo con grupos?, ¿es legítimo realizar esta tarea por fuera de las Asociaciones Psicoanalíticas?). Revaloriza el papel que pueden desempeñar las contradicciones teóricas y practicas que surgen inevitablemente en el trabajo de un campo tan contrastante como el grupal.

Entremos en la primera línea del por qué era complicada la lectura. Si dije que es un libro "interesante" con esto no me refiero particularmente a que sea bello o atractivo en sentido literario; no hace soñar con paraísos perdidos, ni permite una falsa complacencia o una mera complicidad. Es interesante al revés: por las polémicas que suscita, por las opiniones contrastantes que estimula, por las hipótesis que abre, por los sentimientos que provoca. Es un interés despertado por el deseo de una disputa alrededor de lo.,, contenidos, de las apreciaciones y de la misma historia que desarrolla, De aquí que este "interesante" sea más interesante.
Veamos algunas problemáticas.
Un problema inicial surge ya en la página 17, en la cual dice: "Así las cosas, los discursos con respecto a la grupalidad fueron organizando una infatigable Torre de Babel". En la página 19: "se enfatiza una diferenciación: los grupos no son lo grupal, importa por lo tanto una teoría de lo que hacemos y no una teoría de lo que es […] Cómo se construyen los conocimientos sobre lo grupal [y no] qué son los grupos".
Subrayé en la frase de la página 17 porque no sé bien si la palabra "grupalidad" suplanta a "los grupos". Es decir si la frase no debería decir "… los discursos respecto a los grupos organizaron una infatigable Torre de Babel". Siempre he tenido dudas sobre la relación (o correlación) entre grupo-grupos-campo grupal-lo grupal-grupalidad,
Continuando de acuerdo con Ana María en no comentar qué son los grupos sino los conocimientos sobre el campo grupal, quisiera aclarar cierta línea de investigación que continúo desde más o menos seis años, sobre cierta problemática.
Hagamos una hipótesis: podría ser que la genealogía de la grupalidad no fuera la misma que una genealogía del campo grupal. Mientras esta última reconoce un momento renacentista, en el cual la palabra enunciada ya podría señalar el enjambre de relaciones que se establecen en tanto se organiza un conjunto de personas, en la primera la cuestión es más espinosa.
En la grupalidad, su enunciabilidad es mucho más joven, podríamos decir de fines de siglo pasado, y luego resurge después de la Segunda Guerra Mundial, pero su historia como proceso, para todos los autores, se hunde en la prehistoria.
De esta manera la "grupalidad" aparecería o señalaría una situación anterior a socialidad y a individualidad. Lo que me llevó a investigar esta línea es que yo mismo indicaba lo grupal como mediación o como intermediario, entre la sociedad y el individuo. Sobre todo porque la mediación y el intermediario aparecían ligados al proceso de transformación y cambio (pág. 54 de esta obra) importante en nuestra perspectiva del proceso grupal, difícil de imaginar, al cual Pichon Riviere le asignaba la figura de "espiral".
Entonces tuve que pensar en adelante yendo hacia atrás. Reflexioné que si Freud decía que primero era la Psicología Social y luego se instalaba una Psicología Individual (Psicología de las Masas y Análisis del Yo) no sólo hablaba de campos disciplinarios sino también de procesos mentales. Entonces creí observar que "Psicología Social" era la manera de dar una denominación a un engarce de elementos, anteriores al surgimiento de la individualidad. Pude observar que tanto en trabajos anteriores (Tótem y Tabú) como en sus apreciaciones de lo filogenético, Freud no se apartaba de lo que en aquella frase había sintetizado.
Esto me estimuló a buscar en otros autores. Uno de los que más atraen a esta cuestión es Pierre Clastres[2] y sus labores en Antropología Política, los artículos que anteceden al famoso manuscrito de La Boetie "La servidumbre voluntaria", en los cuales Clastres y Laforgue discuten y establecen la problemática relación entre lo Uno y lo Múltiple. A esto se adjuntará Badiou[3] señalando al "dos hegeliano" como una vía de movimiento en la comprensión del Uno y lo Múltiple. Vayamos agregando los estudios sobre cultura cretense, en el período minoico,[4] los trabajos sobre el pasaje de la oralidad a la escrituras.[5]
Algunas frases de Clastres para repensar aquel mundo primitivo: "Ciertas cosas no pueden funcionar según el modelo primitivo sino cuando la población es poco numerosa. O, en otras palabras, para que una sociedad sea primitiva es necesario que sea numéricamente exigua".
Después describe ese tipo de mundo con una economía de subsistencia (otro tipo de rapport entre tiempo-trabajo-ocio), la división sexual del trabajo, "estas sociedades, sin Estado, sin escritura, sin historia, son también sin mercado" (La Societá contra lo Stato). No quisiera aquí abundar en estos detalles, sólo deseo indicar por dónde moverse en la búsqueda de datos para pensar la "situación primitiva".
En el mismo psicoanálisis, pueden encontrarse ciertos ejemplos de esta problemática. Unos pocos años después de Tótem y Tabú, Ferenczi escribe su Thalassa. Pero fue un discípulo de él, lmre Hermann[6], últimamente resurgido y señalado como un autor "interesante e importante" por todas las tendencias psicoanalíticas, quien retorna y desarrolla nuestra temática, a partir del punto particular de "la naturaleza de los instintos primitivos".
Volviendo a Freud señalaré que en varios momentos de su obra indica la correlación entre "la neurosis, el comportamiento infantil y el del hombre primitivo."Podríamos entenderlo "cualquiera que se condujese como un primitivo en nuestro mundo actual sería visto como un niño o como un neurótico".
Fui expresando ciertas ideas que estoy investigando y contrastando que permiten pensar la grupalidad antes de que se configuren la socialidad y la individualidad (y las disciplinas que se fueron haciendo cargo).
Otras interrogaciones se abren cuando las dos genealogías (la de los grupos y la de la grupalidad) se "tocan". No sabría decir bien en cuántos momentos o circunstancias esto acontece, o para resolver qué problemas teóricos, pero puedo plantear como hipótesis (continúa siendo una investigación) que después de la Segunda Guerra Mundial -una de las más feroces que conmovió todos los niveles de las estructuras sociales e individuales- los trabajos de búsqueda sobre el desarrollo de los grupos llegan a hacer contactar aquellas dos genealogías. Retornaré sólo los casos de Bion y de Pichon Riviére, nombrados con abundancia y con rigurosidad por Ana Maria.
La autora del libro los nombra en función de cierto cariz del trabajo que ellos realizaron, pero yo insistiré en otro tipo de análisis.
Primero, los dos tenían conciencia de en qué contexto estaban trabajando, como así también de sus inclusiones profesionales, políticas y sociales y -lo que es más- eran conscientes de cuáles podrían ser los "alcances" de sus labores en estos ámbitos (¡hasta dónde podían o qué era posible lograr!). También tenían una cierta idea de la "extensión" de sus prácticas grupales. Por lo tanto sería útil rever aquí el desplazamiento que sufre el marco visible-invisible en comparación con otros autores. Por otro lado, dentro de sus mismos trabajos sería necesario observar otro movimiento o perspectiva.
Sin caer en "qué son los grupos" y manteniéndonos en "Cómo se construyen los conocimientos sobre lo grupal", pienso que ambos autores nos indican que es necesario construir una perspectiva "claro-obscura" de los grupos en la y desde la cual trabajar. Si dejo a las nociones de visibilidad-invisibilidad las connotaciones que Ana María les dio, utilizo el "claro-obscuro" para marcar que estos autores indican que solamente una perspectiva no positivista, permitiría otra elaboración del campo grupal.
Si no fuera así no sería comprensible qué significa "grupo externo-grupo interno" en Pichon Riviére y "presupuesto de base" en Bion, ya que el primero estipula que es necesaria una cierta colocación del observador para elaborar los conocimientos correspondientes a los "claros-obscuros" del campo grupal, incluyendo desde ya las apreciaciones sobre lo visible-invisible, expresados por Ana María.
Para Bion, los presupuestos de base, no están sólo como organizadores del grupo, sino también en la mente del sujeto corno una de sus formas de estructuración. "Bion indica que los presupuestos de base tienen una sola matriz y muestra cómo ellos pueden alternar o sustituirse automáticamente los unos a los otros evolucionando en la forma psicológica de tal "sistema protomental común". "El concepto de presupuesto de base es una idea-clave para la aproximación psicoanalítica del grupo y de la vida colectiva". Bion piensa que "las ansiedades primitivas ligadas a la relación con objetos parciales son la fuente principal de todo comportamiento de grupo" y más especialmente que "los presupuestos de base son formaciones secundarias en relación a una escena primaria muy primitiva que se desenvuelve a nivel de los objetos parciales y que está asociada a angustias psicóticas y a mecanismos de clivaje y a identificaciones proyectivas[7].
Bion, a diferencia de Anzieu, dice: "Podemos, en efecto, considerar como manifestaciones del carácter de las relaciones a nivel de objetos parciales: lo incoercible y la violencia de ciertos comportamientos de los individuos considerados como miembros de un grupo de base, el hecho de que personas maduras y creativas puedan dar lugar, cuando ellas están reunidas, a formas de construcción de grupos (gruppificazione) altamente patológicos, la inhibición del pensamiento, bastante frecuente en grupos numerosos o altamente institucionalizados". No habla de transferencias positivas o negativas que, para él, tienen otra connotación.
Pero también, tanto para Bion como para Pichon Riviére, un otro concepto forma parte de los conocimientos del campo grupal. Estoy hablando de la contratransferencia y de la contraidentificación proyectiva (que para nosotros harían más densa la noción de implicación).
Por lo tanto los cuerpos conceptuales que hacen a la grupalidad, -a incluir en el campo grupal- señalan (creando) un entrecruce muy original de nociones que indican que para el trabajo en el proceso grupal "claro-obscuro", no alcanzan o bastan nociones positivistas, porque ahí están en juego conocimientos sobre la agrupación, el psiquismo individual, la grupalidad ("la vida colectiva" o "la escena primaria muy primitiva"), la transferencia y contratransferencia. En tal sentido, la elucidación crítica es "corta" si solamente es moral y no de inclusión. Se vuelve necesaria no sólo una visión hacia afuera sino una mirada hacia adentro. El "claro-obscuro" apunta a la organización compleja y caleidoscópica del conocimiento que entabla las nociones antes indicadas.
Pero también ese complejo conocimiento tendría que dar cuenta de ese contacto entre genealogía de la grupalidad y genealogía de los grupos. Un esbozo de esta cuestión estaría en Bleger "sociedad sincrética y sociedad por interacción", uno de los pioneros en estas perspectivas.[8]
Hice estas consideraciones también siguiendo los pasos freudianos. Si la teoría de Freud tiene tres soportes, como él mismo afirma: Sexualidad infantil, Represión y Transferencia, podemos ver que en uno de ellos existe un elemento hipotético importante. Me refiero al concepto de represión primaria. Hipótesis necesaria para seguir pensando el aparato psíquico.
Creo haber demostrado hasta dónde el libro de Ana María Fernández puede estimular nuestras intuiciones, o ensamblar pensamientos perdidos, o atraemos y envolvemos en una polémica fascinante, o simplemente ayudamos a reflexionar.
Como puede imaginarse esperarnos las respuestas (es decir, con otros que también creo abrirán interrogaciones), así que estoy curioso esperando el segundo tomo sobre estos argumentos.

Armando Bauleo
Venezia, junio de 1989.

INTRODUCCION

Elucidar es el trabajo por el cual los hombres intentan pensar lo que hacen y saber lo que piensan.

C. Castoriadis







A. Para una elucidación crítica del campo grupal

Es indudable que a partir de la institución de los primeros dispositivos grupales, mucho se ha escrito sobre grupos. Puede observarse que a lo largo de los últimos cincuenta años se implementaron formas de trabajo muy diversas que incluyen abordajes colectivos entre sus recursos tecnológicos: capacitación de personal de empresas, modernas pedagogías, programación de actividades creativas, gestión de participación social, implementación de políticas de salud, proyectos de investigación-acción, educación sexual, investigaciones participativas, intervenciones comunitarias, etcétera. Los campos de aplicación que llegaron a instituirse en este terreno hubieran sido francamente impensables en décadas anteriores.
El campo de la clínica no quedó por fuera de este fenómeno; con notable celeridad se multiplicaron diferentes dispositivos de pequeño grupo con fines psicoterapéuticos, apoyados -con mayor o menor fortuna- en distintos referentes teóricos.
Así las cosas, los discursos con respecto a la grupalidad fueron organizando una infatigable Torre de Babel. ¿Cómo transitar por ella? Los múltiples campos de intervención instituidos, las variadas técnicas implementadas, la enunciación de discursos teóricos de diverso origen dibujaron, en su devenir, un cierto recorte disciplinario. Sin embargo no puede considerarse -hasta el presente- que sea pertinente hablar de un cuerpo teórico sistemático de lo grupal. Lo que sí puede encontrarse en su Babel es un damero de opciones teórico-técnicas y ciertos perfiles profesionales que utilizan abordajes grupales en sus respectivos campos de trabajo.
Otra vez la pregunta: ¿cómo organizar una indagación de las producciones que tal campo despliega? ¿Desde qué criterios poner a consideración su legitimidad disciplinaria? ¿Con qué formas de lectura localizar aquellos nudos problemáticos que insisten y atraviesan los diversos dispositivos que se instituyen?
La propuesta que aquí se presenta intenta introducir al lector en algunas de las principales líneas problemáticas que el campo de lo grupa¡ presenta. En lugar de realizar un recorrido por las diferentes teorías sobre grupos aspira a plantear problemas. En tal sentido, cuando se detiene en alguna de ellas no trata de presentar sus ideas en apretada síntesis: más bien se apoya en sus nociones para interrogar los problemas que tales teorizaciones han hecho posibles y así analizar sus criterios de demarcación y la inscripción de sus prácticas. Interroga algunas producciones teóricas problematizándolas; las abre a la crítica: pregunta de qué premisas partió un autor o corriente, qué interrogaciones se formuló, cómo las respondió, por qué habrá producido tales respuestas y no otras, cuáles fueron sus impensables. Desde sus respuestas reconstruir sus preguntas, desde sus enunciados teóricos inferirlas condiciones de posibilidad de tal producción. Desplegar sus enunciados para poder sostener un desafío: ¿cómo hacer para pensar tales problemas de otro modo?
            En síntesis, se propone un criterio de elucidación crítica:

Elucidar es una: labor propositiva, una exploración acerca de… inacabada, sujeta a revisiones y ajustes provisorios, aunque no por eso menos rigurosos; se tratará de pensar sobre lo hecho mientras se buscará conocer con mayor precisión eso que como hecho deberá ser deshecho, para entender su irradiada composición, otorgando a la actividad de-constructiva un lugar central en la tarea de elucidación.[9]

Se hace necesario para tales objetivos, en primer lugar, una misión histórica a los saberes y prácticas grupales; historia en un sentido genealógico, es decir con el interés de indagar cómo se han constituido los saberes sus discursos, sus diseños grupales, sus dominios de objeto, la institución de sus prácticas y sus demarcaciones disciplinarias. Analizar, por lo tanto, las condiciones de producción de tales saberes: teóricas y epistémicas, pero también institucionales e histórico-sociales; en síntesis, no sólo lo que una teoría dice, sino las formas históricas de gestión de los conocimientos que enuncia; no ya la descripción de sus prácticas, sino más bien el análisis de las demandas a las que tales prácticas dan respuesta.
En rigor de verdad, este libro no desarrolla el conjunto de deconstrucciones y re-construcciones de las teorías y prácticas que un estudio genealógico exigiría. Pero sí,.en el marco de lo antedicho, propone algunas puntuaciones que permitan localizar los núcleos que -en sus insistencias- conforman ciertas demarcaciones del campo grupal.
Si bien no despliega el exhaustivo recorrido historiográfico que el rigor genealógico necesita, abre ciertos signos de pregunta sobre algunos lugares comunes que han cristalizado en los saberes y prácticas grupales en nuestro medio. En tal sentido es que aquí se habla de puntuaciones, proponiendo al lector algunas localizaciones críticas que ofrece como sus notas -sus primeras notas- para una genealogía de lo grupal. Su intención se aleja de definir qué son los grupos, y se orienta a esbozar algunas ideas que otorguen instrumentos básicos para pensar una teoría de lo que hacemos cuando instituimos grupos.
En primer lugar, se enfatiza una diferenciación: los grupos no son lo grupal; importa por lo tanto una teoría de lo que hacemos y no una teoría de lo que es.[10] En ese sentido su preocupación es epistémica (cómo se construyen los conocimientos sobre lo grupa]) y no óntica (qué son los grupos).
En segundo lugar, es importante subrayar que las diferentes teorías sobre lo grupal -como de todo campo disciplinaria no son sólo producciones discursivas; son, por el contrario, el resultado de una serie de factores articulados. Interesa reflexionar, particularmente, sobre la relación existente entre un cuerpo teórico y el diseño técnico que organiza sus formas de trabajo grupal, el lugar que tal corriente o pensador sostenga como sus a priori en la tensión singular-colectivo,[11] la demanda socio-histórica a la que sus dispositivos son respuesta y, en muchos casos, las urgencias de legitimación institucional que marcan sus indagaciones.
En tercer lugar, no hay que olvidar que una teoría demarca sus áreas de visibilidad e invisibilidad, sus enunciados y sus silencios, como resultado de la articulación de los factores mencionados. En tal sentido, una indagación que se propone crítica lejos estará de buscar acuerdos o desacuerdos con los autores abordados. Desplegará sus reflexiones en los pliegues de visibilidades y enunciados, en las soluciones de compromiso entre discursos, prácticas y demandas; entre los "themas" que demarcan sus preocupaciones teóricas y aquellas regiones que han permanecido como impensables.
Un trabajo de elucidación crítica abre la posibilidad de localizar entre los cursos y recursos de la Babel de los grupos aquellas áreas de visibilidad sobre los acontecimientos grupales que determinados dispositivos grupales han posibilitado y cuáles han quedado necesariamente invisibles. Lo invisible dentro de una teoría, es el resultado necesario y no contingente de la forma en que se ha estructurado dentro de ella el campo de lo visible. Por lo tanto "crítica" aquí no significa, como se señala líneas arriba, evidenciarlos errores, mostrar desacuerdos o adhesiones, sino más bien presuponer que aquello que una teoría "no ve" es interior al ver, en tal sentido sus invisibles son sus objetos prohibidos o denegados; puede pensarse entonces que el nivel de lo enunciable que una teoría despliega será la transacción, el compromiso discursivo, pero también institucional-histórico de sus visibilidades y sus invisibilidades, de aquello que le es posible pensar y de sus impensables, de sus objetos afirmados y sus objetos denegados.
Teorizaciones posteriores, en tanto acumulan, refutan, redefinen las producciones teóricas previas y se sitúan desde otras demandas sociales y otros marcos institucionales, producen a, u vez dispositivos grupales que generan "fenómenos" grupales y/o se posicionan en otro lugar del a priori individuo-sociedad construyendo otros enunciados teóricos. Estos nuevos discursos, por ende, circularán desde otras transacciones entre lo visible y lo invisible, se organizarán desde otras demarcaciones y gestionarán prácticas guiadas por sus propias preocupaciones teórico-técnicas.
En síntesis, el criterio propuesto no se sostiene en la premura de legitimar lo que ya se sabe, sino en abrir interrogaciones sobre lo enunciado y sus prácticas que permita, a su vez, pensarlos problemas de otro modo. En tal sentido se propone un doble camino de deconstrucción y re-construcción de teorías y prácticas. Esto tiene varias implicancias, fundamentalmente la intención de de-sustancializar los conceptos y desmarcar la lectura, el texto, el autor de un efecto de verdad, juego de de-construcción/re-construcción que al poner en evidencia los silencios de enunciado, los objetos denegados, los impensables en su doble dimensión, teórica y profesional, haga posible pensar de otro modo los problemas recurrentes de la disciplina y cree condiciones para pensar lo hasta entonces impensable.
Por eso elucidación que se propone crítica y en tanto crítica, ética.

Obviamente, presentar una elucidación crítica con todos los requisitos señalados en esta introducción conformaría una obra de envergadura muy superior a los objetivos de este libro. Sería muy interesante al respecto, una labor colectiva; frente a tal anhelo es que se espera puedan resultar de utilidad estas primeras notas para una genealogía del campo grupal.



B. Una manera de leer, una manera de pensar

La manera de leer que una actitud de elucidación crítica implica se aleja cuidadosamente de un tipo de abordaje a los textos y autores muy difundido en el medio "psi". Necesariamente debe buscar criterios de lectura que se aparten del texto-verdad, es decir se distancien del supuesto por el cual la práctica de lectura es un acto de revelación; esta forma "bíblica" de pensar el texto como continente de una verdad-revelada-ahí pone al lector en una única posición: el desciframiento; su práctica-religiosa, se dirige a la repetición descifrada -con mayor o menor fortuna- de las enseñanzas de un maestro, poseedor de dicha verdad. Bueno es aclarar que si bien esta manera de leer suele ser muy característica en el medio "psi", no es privativa de él; muy por el contrario, puede observarse en diversos medios académicos y políticos.
Varias son las consecuencias de esta manera de leer; una de las más relevantes es la dogmatización del cuerpo teórico; este proceso posibilita en el plano teórico mismo la gestión de una ilusión: la teoría completa; a partir de esta ficción ninguna invisibilidad será posible de ser pensada, la actitud de interrogación caerá bajo sospecha, las falacias de autoridad serán una práctica cotidiana de legitimación.
Un efecto institucional muy característico de esta situación es la repetición al infinito de la necesidad -podría decirse la urgencia- de clasificaciones que tipifiquen a sus integrantes en ortodoxos y heterodoxos; expulsiones, rupturas y fracciones y pleitos de membresía se suceden cotidianamente.
Estos procesos teórico-institucionales van produciendo una transformación en la posición del discurso en cuestión: de constituir un discurso autorizado -legítimamente autorizado por su sistematización teórica, su rigor metodológico, etc.- pasa a instituirse como el discurso de la autoridad.
Frente a esta forma de lectura es importante evitar tanto la sumisión a la repetición del discurso legitimado, como la descalificación de sus valores de enunciado.[12] Por ambos caminos, aunque de diferente, se empobrece la reflexión teórica. El campo grupal no presenta un cuerpo teórico sistematizado; en ese sentido esta situación podría transformarse en una ventaja ya que puede ofrecer mejores condiciones para la formación de un método de pensamiento crítico. Para ello deberá desandar un camino que ha recorrido en los últimos tiempos; aquel que ha intentado territorializarlo como un campo de aplicación de campos teóricos instituidos como sistemas conceptuales totalizadores.
La tradición de la teoría crítica[13] ha evitado la producción de sistemas teóricos cerrados, prefiriendo el contrapunto y la interrogación con diversos sistemas de pensamiento. En ese sentido es que en esta propuesta se ha elegido un criterio de lectura des-construcción/re-construcción donde los enlaces teórico puedan realizarse a través de confrontaciones locales y no globales; donde las teorías puedan pensarse desde lo múltiple y no desde lo uno.
Uno de los propósitos de este libro es proporcionar algunas herramientas conceptuales -  que ayuden a desdibujar los círculos que muchas veces encierran importantes producciones teóricas en grandes relatos totalizadores. Cuando un sistema teórico se totaliza o bien sufre un proceso de banalización al ser "aplicado" a otros campos disciplinarios o bien opera reduccionísmos insalvables sobre el campo en cuestión. Por el contrario, si se crean condiciones para su des-totalización, al trabajarse sus conceptos local y no globalmente, éstos vuelven a adquirir la polivalencia teórica imprescindible para producir nuevas nociones, para pensar articulaciones hasta ahora invisibles, cuestionar sus certezas, pensar aquello que había quedado como impensable. En síntesis, el contrapunto y la interrogación como método para que las teorías mantengan su vigor en la subversión de aquello que se ha cristalizado como obvio.
Al mismo tiempo, y desde esta perspectiva, la legitimación del campo grupal no pasaría por lograr constituir una Teoría de los Grupos sino por plantearse tal espacio como un campo de problemáticas en el seno del cual habría que discutir sus criterios de demarcación, los rigores epistémicos y metodológicos para que sus contrapuntos locales y no-globales pueda no operar como "caja de herramientas" y no como patch-work teóricos y donde -en función de lo anterior- se pueda:

diluir el fantasma que atraviesa las formaciones grupales, fantasma que confunde las acciones en grupo (dispersivas e intrascendentes) con las experiencias grupales que se realizan orientadas por una concepción desde la cual se analizan y justifican.[14]


C. Los tres momentos epistémicos

Con el propósito de buscar algún ordenamiento para la indagación a realizar a través de la Babel de los grupos, se señalarán tres momentos epistémicos. En la constitución de saberes y quehaceres grupales, tales momentos, más que indicar un sentido cronológico, expresan ciertas formas características de pensar las legalidades grupales. No puede decirse que unos sucedan a otros linealmente, sino que si bien es posible delimitarlos con cierta claridad, frecuentemente se pueden encontrar rasgos de un momento epistémico en los siguientes.
Los autores o corrientes que se analizan en cada uno de ellos no son excluyentes; ni siquiera podrían considerarse unánimemente como los más importantes. Simplemente son aquellos de mayor difusión en el mundo académico en el marco del cual este libro ha sido gestado.[15] Si son ellos y no otros los que se toman en consideración, esto se debe a que han sustentado algunas cristalizaciones de ciertos lugares comunes que interesa poner en interrogación en este libro.

El primer momento epistémico se organiza a partir de pensar al grupo como un todo. La influencia de la Gestaltheorie hizo posible afirmar que en un grupo, el "todo es más que la suma de las partes".[16] Hay allí un primera intuición, aquella que otorga a los pequeños colectivos un plus irreductible a la suma de sus integrantes.
Es en la indagación de tal plus que se delimitan los primeros recortes disciplinarios. Entre ellos se destaca, sin duda, la Dinámica de los Grupos.
Más allá de la difusión de las teorizaciones que esta corriente pone en enunciado con respecto a los grupos, es importante destacar que aproximadamente entre 1930 y 1940[17] se instituyeron ciertos criterios en virtud de los cuales comenzó a pensarse en "artificios" grupales para abordar algunos conflictos que acontecían en las relaciones sociales. Cobran visibilidad conflictos humanos en la producción económica, en la salud, en la educación, en la familia, y las instancias organizativas de la sociedad pasan a considerarlos como parte de los problemas que deben resolver.
Sin embargo, pareciera suponerse que tales conflictos no pueden ser abordados mediante los recursos previamente existentes; exigen nuevas formas de intervención y especialistas adecuados a tales fines.
Desde diferentes puntos de origen se inventa una nueva tecnología: el Dispositivo Grupal, y un nuevo técnico: el coordinador de grupos. Rápidamente se multiplican los diagramas técnicos y los campos posibles de aplicación. A su vez, muy disímiles serán las teorizaciones que intentarán dar cuenta de aquello que acontece en los dispositivos grupales instituidos.
Estos movimientos se sostuvieron desde una convicción: el grupo, en tanto todo, es más que la suma de las partes. Tal plus grupal hace de los grupos, a partir de allí, espacios tácticos con los que se intentará dar respuesta a múltiples problemas que el avance de la modernidad despliega.
Desde entonces, teorizar el plus grupal ha sido una preocupación constante de las diferentes corrientes grupalistas. Todas enfrentan una misma dificultad: el plus grupal es fácil de poner en evidencia, pero se vuelve sumamente difícil producir enunciados teóricos que den cuenta de él y del orden de legalidades que lo sostienen.

El segundo momento epistémico se focaliza alrededor de la búsqueda de organizaciones grupales; es decir nuclea aquellos intentos que buscan dar cuenta de las instancias de determinación que hacen posibles los movimientos grupales que habían cobrado visibilidad en los dispositivos que se instituían por doquier. El psicoanálisis hace aquí aportes insustituibles,[18] tanto en el plano teórico como en el diseño y difusión de dispositivos grupales en el área de la clínica psicoterapéutica. Lo mismo podría decirse de los grupos operativos de Pichon Riviére aunque en áreas más vastas: educación, salud, intervenciones comunitarias, etcétera.
En el interior del campo psicoanalítico, la polémica se centrará en dilucidar si los grupos constituyen un campo de aplicación del saber y la técnica psicoanalítico, o si exigirán la elaboración de instrumentos teóricos y técnicos específicos; constituirán sus propios contextos de descubrimiento y -lo que es más- si podrán legitimar sus propias demarcaciones disciplinarias.
Al mismo tiempo, en este derrotero se perfila un conflicto que implicará una dimensión teórica y otra institucional. Teóricamente se discute si el psicoanálisis puede dar cuenta de los aspectos fundantes del campo grupal. O dicho de otra manera ¿el orden de determinaciones válido en el campo psicoanalítico en función del objeto de estudio que esta disciplina ha delimitado, puede extenderse legítimamente al campo grupal?, ¿son los organizadores fantasmáticos que diferentes escuelas psicoanalíticas pusieron en enunciado, los únicos organizadores grupales?, ¿cómo operan los organizadores socio-culturales? y cómo articular los organizadores descubiertos por el psicoanálisis con los aportes de otras disciplinas?
En el despliegue de estas interrogaciones y sus respuestas posibles no jugarán solamente cuestiones teórico-doctrinarias. Aquí opera la dimensión institucional antes aludida, ya que -como en todo campo de conocimiento- sus elucidaciones sufrirán las marcas de las luchas por la hegemonía en el campo intelectual. En nuestro medio este último aspecto cobra particular relevancia, dado el prestigio logrado, dentro de los dispositivos "psi", por el dispositivo psicoanalítico. En tal sentido, suele operar un tipo de presión que cierra estos interrogantes impidiendo su despliegue.[19]

El tercer momento epistémico[20] se perfila, justamente, a partir de las dificultades que presentan las disciplinas de objeto discreto para abordar ciertas realidades disciplinarias sin caer en algún reduccionismo (sociologismo, psicologismo, psicoanalismo). Si las lógicas de objeto discreto[21] fueron necesarias para poder realizar las demarcaciones básicas de las disciplinas más formalizadas de las ciencias humanas, hoy muchas de ellas se encuentran preocupadas en encontrar otros instrumentos metodológicos que permitan dar cuenta de aquellas áreas que resisten abordajes unidisciplinarios.[22]

Esta tarea no es sencilla. Produce fuertes tensiones epistémicas e institucionales. El campo grupal, en la búsqueda de su legitimidad, se despliega hoy en la compleja labor de desmontar dos ficciones siempre recurrentes: la ficción del individuo, que impide pensar cualquier plus grupal y la ficción del grupo como intencionalidad que permite imaginar que el plus grupal radicaría en que ese colectivo -como unidad- posee intenciones, deseos o sentimientos.
El análisis crítico de tales ficciones implica un cambio de paradigmas teóricos y una profunda revisión de las prácticas grupales instituidas. Para tal propósito se enfatiza la necesidad de evitar soluciones reductivas y mantener la posibilidad de sostener algunas tensiones operando en su productividad problemática.
Así, por ejemplo, habrá que transitar la tensión entre las epistemologías de objeto discreto y la producción de redes transdisciplinarias que permitan crear nuevos pasajes de lo visible o lo enunciable en el campo grupal. Esto implica, asimismo, la posibilidad de sostener la tensión entre las especialidades disciplinarias y los saberes transversalizados. En en el marco de tales objetivos que se ha propuesto un criterio genealógico en el análisis de saberes y prácticas que permita referir los mismos a su problematización.
Para ello un par antinómico: Individuo vs. Sociedad exige su elucidación crítica. La de-construcción de este a priori conceptual abre la posibilidad de realizar un pasaje de un criterio antinómico de individuos vs. sociedades, hacia una operación conceptual que pueda evitar una "resolución" reduccionista y se permita sostener la tensión singular-colectivo. Singularidad descarnada de soportes corporales indivisos; colectividad que en las resonancias singulares produce anudamientos-desanudamientos propios. Singularidad y colectividad que sólo sosteniendo su tensión hacen posible pensar la dimensión subjetiva en el atravesamiento del deseo y la historia.


Capítulo I

EL VOCABLO GRUPO Y SU CAMPO SEMANTICO








A. Producción histórica del vocablo grupo

Se abordará en este punto la etimología del vocablo que es motivo de la presente elucidación; más allá de la relevancia histórica que esta tarea pueda presentar, interesa pensar dentro del campo semántico mismo. Se espera que las líneas de significación puestas de manifiesto, hagan posibles ciertas visibilidades con respecto a las diversas producciones de sentido que la palabra "grupo" ha disparado históricamente.
Tanto el término francés groupe, como el castellano grupo, reconocen su origen en el término italiano groppo o gruppo. Groppo aludía a un conjunto de personas esculpidas o pintadas, pasando hacia el siglo xviii a significar una reunión de personas, divulgándose rápidamente su uso coloquial.
El groppo scultorico es una forma artística propia del Renacimiento, a través de la cual las esculturas que en tiempos medievales estaban siempre integradas al edificio, pasan a ser expresiones artísticas en volumen, separadas de los mismos, que permiten para su apreciación caminar a su alrededor, es decir, rodearlas; cambia así la relación entre el hombre, sus producciones artísticas, el espacio y la trascendencia; al mismo tiempo, otra de las características a señalar del groppo scultorico es que sus figuras cobran sentido cuando son observadas como conjunto, más que aisladamente.
Contemporáneamente a la inclusión del vocablo en lengua francesa, se imponen en inglés y en alemán vocablos análogos; señala Anzieu[23] que las lenguas antiguas no disponen de ningún término para designar una asociación de pocas personas que comparten algún objetivo en común.
¿Qué quiere decir que no hay palabra? ¿Que lo no nombrado no existe? ¿Qué tiene un nivel de existencia por debajo de su posibilidad de representación?
Para problematizar aun más esta interrogación, podría agregarse que, si bien un vocablo es construido para hacer referencia a una producción existente, los actos -en este caso tal vez sería más correcto decir los procesos- de nominación[24] son piezas claves en las construcciones que realizan los actores sociales para producir sus "representaciones" de la realidad socio-histórica en que viven.
Es necesario pensar entonces que -hasta cierto momento histórico y para los actores sociales de la época- los pequeños colectivos humanos no habrían cobrado la suficiente relevancia como para formar parte de la producción de las representaciones del mundo social en que vivían, quedando así sin nominación, sin palabra.
De ser esto así -y en el mismo sentido- habrá que indagar qué transformaciones sociales se producen en el período histórico en el cual los agentes sociales "necesitan" nominar a tales agrupamientos humanos como "grupos", como así también qué lugares y funciones sociales y subjetivas van ocupando tales agrupamientos en el proceso por el cual adviene su palabra.


B. Líneas de significación

Pareciera ser que una de las primeras acepciones del término italiano groppo, antes de llegar a ser reunión o conjunto de personas era nudo. Derivaría del antiguo provenzal grop=nudo; éste a su vez derivaría del germano Kruppa = masa redondeada, aludiendo a su forma circular.[25]


Krupp————>grop————> groppo————>grupo
(alemán)        (provenzal)           (italiano)


 

Masa                 NUDO
redondeada


 

Círculo           Cohesión                                             Grupo

Están presentes, entonces, en el vocablo dos líneas que frecuentemente se encuentran en la reflexión sobre lo grupal, o -dicho de otra manera- dos líneas que insisten en dicha reflexión. Por una parte, la línea de insistencia Nudo; si bien para Anzieu la figuración nudo remite al grado de "cohesión necesaria entre los miembros del grupo", para la perspectiva de investigación elegida en este trabajo, la figura nudo abre otra forma de interrogación sobre la misma cuestión: ¿qué anudamientos-desanudamientos se organizan dentro de un conjunto reducido de personas?
Por otra, la masa redondeada parecería portar, implícitamente, la idea de círculo, en el sentido de reunión de personas: agrupaciones de oficios, comerciales, clubes, políticos, etc., que retornando una antigua tradición celta daría idea de círculo de iguales. Son ilustrativos al respecto Los Caballeros de la Mesa Redonda y la orden religiosa de Los Templarios, cuyo altar circular hacía posible que todos los caballeros de la orden estuviesen, en misa, a igual distancia de Dios.
Nótese que aun en la actualidad generalmente se elige la distribución circular en el trabajo con grupos. Esta forma tan característica connota algo que trasciende el espacio mismo, que va más allá de la eventual organización de sus actividades; implica, en realidad una particular estructuración de los intercambios entre los integrantes. Es frecuente encontrar en este punto la acentuación de la igualdad jerárquica atribuida a la forma circular de ubicación; esto significa afirmar que sentarse en círculo horizontaliza o democratiza la relación entre los miembros de un grupo. En realidad, el mero sentarse en círculo no determina igualdades jerárquicas ni atenúa los juegos de poder en el mismo. Por el contrario, parecerían ser de mucho más peso aquellos intercambios que se organizan desde ese circular -en principio de miradas- que la distribución espacial elegida posibilita.[26]


C. Referentes etimológicos

En primer lugar sorprende la modernidad del vocablo. ¿Qué significación tendrá que con anterioridad a la modernidad no existiera un término que diera cuenta de una reunión de un número restringido de personas con un cierto objetivo común?
En otras temáticas ha sido investigada la relación entre la presencia o ausencia de determinados vocablos y su significación en la cultura de la época. Así Ph. Ariès[27] ha trabajado la ausencia de la noción de niño en la sociedad feudal y la correlativa ausencia de vocablos que nominaran a los niños, o lo que es igual, la presencia de distintos términos que dan la idea de niño a partir del momento histórico en que éste comienza a particularizarse del mundo de los adustos. Muestra, asimismo, cómo se produce una correlación entre este proceso de "poner palabra" y la construcción de campos disciplinarios específicos -en este caso la pedagogía- y las nuevas prácticas sociales que se desarrollaron en este proceso: aparición del "sentimiento de infancia", maternaje realizado por su propia madre, escolarización de los niños, etcétera.
El groppo aparece con el Renacimiento, momento de profundas transformaciones, políticas, económicas, familiares; momento de giros epistémicos y de modificaciones de las weltanschauungen. Es en el complejo tránsito de las servidumbres con Dios, el señor, y la fe hacia las autonomías, las ciencias, las artes no religiosas y el libre mercado donde se van creando las prefiguraciones del individuum; tránsitos que harán posible a partir de Descartes, las grandes reflexiones modernas del sujeto y el surgimiento de las ciencias humanas. El groppo se autonomiza al separarse del edificio asentándose en los atrios y en las plazas. Al mismo tiempo se produce la nuclearización de la familia; ésta inicia un proceso de transformaciones reduciéndose desde sus extensas redes de sociabilidad feudal hasta conformar la familia nuclear moderna.
Este tránsito de "la casa" a "la familia" no es una cuestión atinente sólo a la historia de la vida cotidiana, sino que puntúa tránsitos claves desde las relaciones de producción hasta la constitución de las subjetividades; se acentúa la intimidad, la individuación, las identidades personales, el uso de nombres y apellidos particularizados, etcétera.
La preocupación por la noción de individuo comparte el escenario de surgimiento de las ciencias humanas; con ellas nace dentro de la gran pregunta a la que estas nuevas áreas del saber intentan dar respuesta: ¿Qué es el Hombre? cada una de ellas desde su ángulo de mira, pero todas preocupadas por la individualidad; preocupación ésta impensable dentro de las sociedades feudales. En las formas del ser social del feudalismo no había lugar para ninguna pregunta sobre el individuo; sí tenían una fuerte vigencia los interrogantes respecto a las obligaciones de los hombres con Dios, por ejemplo; pero ausentes estaban las nociones de individuo, individualidad, intimidad, éxito individual, felicidad personal.
La temática de la individualidad o de la identidad personal, comienza a desarrollarse con el advenimiento de la sociedad industrial, al mismo tiempo que lo privado y lo público reestructuran tanto sus territorios como sus significaciones, y se organiza un cambio radical en las prioridades de la vida, apareciendo en primer plano el libre albedrío y la felicidad personal.[28]
Paulatinamente se van delineando las áreas del saber que conformarán las ciencias humanas o humanidades y las antropologías filosóficas. El Hombre, él mismo, se tomará como objeto privilegiado de reflexión en estos campos de saberes; los tiempos de las taxonomías serán reemplazados -Descartes mediante- por la pregunta por el ser de lo humano. La temática de la subjetividad adviene así al escenario filosófico-científico de la época.
Puede pensarse entonces que la producción del vocablo grupo es contemporánea a la formación de la subjetividad moderna y a la constitución del grupo familiar restringido.
En el marco del capitalismo naciente hasta las últimas fibras del tejido social se reorganizan en figuras impensables hasta entonces. Las sociabilidades feudales, las obligaciones cerradas con Dios, el señor feudal, el rey, el padre y los fuertes intereses corporativos, no dejaban intersticios sociales suficientes para individuaciones, intimidades o enlaces en pequeños grupos. La "grupalización" de la vida familiar al restringir la familia extensa -nuclearizándola- implicará algo más que una reducción de personas. Sostiene un cambio significativo -estructural podría decirse- en los anudamientos subjetivos de sus miembros.
Tal parecería ser la relevancia de estas cuestiones, que historiadores como Shorter[29] han llamado Revolución Sentimental del siglo xviii a la "aparición" del amor maternal, del amor conyugal y el sentimiento doméstico de intimidad. ¿Qué transformaciones se han producido'? Han cambiado sin duda las prioridades en las vidas de las personas, pero también los enlaces tanto contractuales como subjetivos entre los integrantes de la familia. Cambio en el espacio micro social que reproduce y sostiene, pero también produce al infinito, las nuevas formas de gobernabilidad y consenso.
El vocablo grupo, en su acepción actual, se produce en aquel momento histórico que vuelve "necesaria" tal palabra para la producción de representaciones del mundo social. Su nominación vuelve visible una forma de sociabilidad -los pequeños colectivos humanos- que con la modernidad cobra la suficiente relevancia en las prácticas sociales, como para generar una palabra especifica. La aparición de este vocablo se inscribe en el complejo proceso de transformaciones tanto de las formas de sociabilidad, de las prácticas sociales y de las subjetividades, como de nuevas figuraciones que los actores sociales darán a las "representaciones" que construyen del mundo en que viven.
Con respecto a la relación entre el proceso de la nuclearización de la familia y la aparición de la palabra grupo, es necesario aclarar que no se plantea aquí que tal proceso haya creado las condiciones para la aparición del vocablo grupo, sino más bien que las transformaciones socio-históricas que dan origen a la constitución de la subjetividad moderna son parte de los procesos de gestión de los pequeños agrupamientos, entre ellos la nuclearización de la familia.

En síntesis, el vocablo grupo surge en el momento de constitución de la subjetividad moderna. Su etimología refiere a un número restringido de personas asociadas por un algo en común. Se destacan dos líneas en tal rastreo etimológico: la figuración nudo, que sugiere interrogación sobre qué es lo que hace nudo y lleva implícitos necesarios enlaces y desenlaces entre sus integrantes, y la figuración círculo, que remite a las formas de intercambio que se producen entre los miembros de tales grupos,
Se insistirá más adelante en la líneas de figuración nudo como forma de referirse a los grupos. Avanzando un poco más, tal vez fuera pertinente aclarar que no se usa aquí el término nudo en un sentido analógico: "el grupo es como un nudo", sino -por el contrario- en un sentido metafórico, en tanto figura nudo que aspira a producir efecto de significación.
Con la figura nudo, se intenta subrayar los anudamientos-desanudamientos, de subjetividades, los enlaces-desenlaces diversos, puntuales, simultáneos, fugaces o duraderos, de subjetividades que se producen en los acontecimientos grupales. En este sentido preguntarse por la especificidad de lo grupal es abrir interrogación por las particularidades de tales anudamientos cuando se constituyen en lo que se ha dado en llamar pequeños grupos. Anudamientos-desanudamientos que por organizarse entre un conjunto numerable de personas cobrarán características diferenciales con respecto a otras formas de enlace sociales tales como grupos amplios, masas, duplas, etcétera.



D. Primeras puntuaciones antes de avanzar

Luego de esta somera incursión por el campo semántica del vocablo grupo, se hace necesario realizar algunas puntuaciones que permitan delimitar con mayor precisión el área de reflexión del presente trabajo. Frente a algunas preguntas muy clásicas respecto a los grupos, como "¿cuántos individuos conforman un grupo?", se centrará la reflexión sobre conjuntos restringidos de personas; quedan por tanto excluidos de esta elucidación grupos humanos más amplios, colectividades, masas, clases sociales, etcétera.
Se ha visto ya que el mero "juntarse" no constituye un grupo; entonces, "¿cuándo un conjunto de personas se conforma como grupo?". Desde la etimología ha podido observarse que el groppo scultorico poseía cierta forma particular de agrupamiento y que posteriormente el vocablo grupo comenzó a designar reunión de personas, círculo de personas con algo en común, "agrupaciones de oficios, comerciales, etc." Es decir que serán necesarias determinada actividad en común y ciertas formas organizacionales.
Por otra parte, la figura nudo indica que en tal agrupamiento se formarán "anudamientos-desanudamientos". El número restringido de personas no remite, simplemente, a una cuestión formal o numérica; en tanto se lo ha asociado con la figura nudo, se afirma que esta característica: número restringido, orientará en forma significativa los intercambios que entre tales personas se produzcan.
A su vez, si se toma distancia de la inmediatez de su existencia fáctica, se vuelve necesario abrir interrogación con respecto a las instancias organizadoras de estos colectivos humanos, o sea las formas que sus legalidades adquieren.
Habrá que interrogar también si estas peculiares formas de intercambio que parecen ser los grupos, organizan a, o se organizan desde algunas particularidades de las formaciones psíquicas de sus integrantes, o si -avanzando un poco más- producen "formaciones psíquicas propias".
Por último, se advierte que en lo que respecta a los discursos sobre la grupalidad, no es intención de este trabajo realizar un análisis de lo que ha dicho cada corriente significativa con respecto a qué son los grupos; se tomarán tan sólo algunos momentos de tales discursos, aquellos que resulten más instrumentales para el desarrollo propuesto.
Esto es, aquellos aportes fundantes de los tres momentos epistémicos delimitados en páginas anteriores, en la constitución de los saberes y prácticas grupales: el todo es más que la suma de las partes; los organizadores grupales y el agotamiento del objeto discreto.



[1] De Brasi, J. C. "Desarrollos sobre el grupo - Formación", en Lo Grupal 5, Búsqueda, Buenos Aires, 1987.
[2] Clastres, P. La societá contra lo Stato, Feltrinelli, Roma, 1977 y Antropología política, Gedisa, Barcelona, 1984.
[3] Badiou, A. Théorie du suject., Du Seuil, París, 1982.
[4] Faure, P. La vita quotidiana a Creta ai tempi di Minosse, Rizzoli, Milano, 1983.
[5] Cole, M. Storia sociale dei processi cognitivi, Giunti-Barbera, Firenze, 1976. Oppenheim, A.L. La Antica Mesopotamia. Ritrato de una civilitá, Newton Compton, Roma, 1980.
[6] Hermann, Imre. L'instinct filial, Denöel, París, 197l. En húngaro, 1ª  edición, 1943, se llamaba Los instintos arcaicos en el hombre. Ferenczi, S. Thalassa. Psichonalyse des origines de la vie sexuelle, PEP n° 28, Payot. París.
[7] Neri, Claudio "Les presupossé de base", en: Bion y los grupos, Rev. Francaise de Psychotherapie de Groupe, París, 1986. Neri, C . Letture Bioniane, Borla, 1988.
[8] Meltzer, D. Lo sviluppo kleiniano, T. 3 Bion, Borla, Roma, 1982 y Studi di Metapsicologia allargata, F. Cortina, Milano, 1987. Bleger, J. Temas de Psicología, Nueva Visión, Buenos Aires, 1978.
[9]De Brasi, J.C. "Elucidaciones sobre el ECRO", en Lo Grupal 4, Búsqueda, Buenos Aires, 1986.
[10] Deleuze, G. Empirismo y subjetividad, Gedisa, Barcelona, 1977.
[11] Véase capítulo II.
[12] Esta descalificación suele ser expresión de rebeldías fallidas frente a los efectos de autoritarismo teórico mencionados.
[13] Jay, M. La imaginación dialéctica Taurus, Madrid, 1986.

[14] De Brasi, J.C. "Desarrollos sobre el Grupo Formación", en Lo Grupal 5 Búsqueda, Buenos Aires, 1987.
[15] Si bien mencionados puntualmente en varios pasajes de este libro, no se ofrece una elucidación más sistemática de los dispositivos grupales instituidos por la concepción operativo de grupos y el psicodrama psicoanalítico. Sin embargo, han constituido instrumentos teórico-técnicos de suma importancia en mi formación. Futuros trabajos intentarán salvar tal ausencia.

[16] Véase capítulo III.
[17] Si bien este desarrollo se inicia en EE.UU. y algunos países de Europa, se extiende rápidamente a ciertos países periféricos como la Argentina.
[18] Véanse capítulos IV, V y VI.

[19] Fernández, A. "¿Legitimar lo grupal? Contrato público y contrato privado", en Lo Grupal 6, Búsqueda, Buenos Aires, 1988.
[20] Véanse capítulos VI y VII.
[21] Véanse capítulos II y VII.
[22] Puede consultarse al respecto Lévi-Strauss, C. Seminario: La identidad, Petrel, Barcelona, 1981. También Apostel y otros, Interdisciplinariedad y ciencias humanas, Tecnos, UNESCO, Madrid, 1982.
[23]Anzieu, D. La dinámica de los grupos pequeños, Kapelusz, Buenos Aires, 1971.
[24]Bourdieu, P. "Espacio social y génesis de las clases", Revista Espacios n°, 2, Buenos Aires, 1985.
[25]Anzieu, D. Op. cit.
[26]Desde el psicoanálisis se ha trabajado en profundidad el tema de la mirada como posibilitadora de los juegos identificatorios grupales; sería interesante cruzar estos aportes con aquellos que lo investigan como forma real e imaginaria de control social. Foucault, M. Vigilar y castigar, Siglo xxi, Madrid, 1981.
[27]Ariès, Ph. L'enfant et la vie familiale sous l’Ancien Régime, Du Seuil, Paris, 1973.
[28]Shorter, E. Naissance de la famille moderne, Du Seuil, Paris, 1977.
[29] Shorter, E. Op. cit.

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